Sobre los árboles simbólicos o los árboles de la libertad.

Hace un año estuve viviendo en Paris para aprender el idioma y tomar algunos cursos de arte y cultura. Pero creo que en el año que estuve allá a ninguna de las anteriores le dediqué tanto tiempo ni disfruté tanto como a mi actividad favorita; pasear por París.
Un día me topé con una frase que me gustó mucho que dice “tienes primero que perderte para poder encontrarte”
y creo que esto pinta de manera perfecta de lo que hablo en el primer párrafo. No hay nada más satisfactorio, gratificante y que además por lo menos a mí me entretenía, me daba energía y alegría que perderte en una ciudad (sobre todo cuando se intenta conocer una ciudad nueva). Descubirir un lugar por ti sólo sin saber cómo llegaste allí y sin tener bien claro si se tenía intención de llegar. Lo que importa es que ése lugar es tuyo. Por la simple razón de que el destino te llevó allí.
En uno de mis episodios de paseos, esta vez sin deambular en la ciudad sin tener a dónde ir. Esta vez iba con un guía, mi maestro, que se llamaba Luis. La clase de Luis se trataba en breve, de cultura e historia de París. O sea que íbamos a diferentes barrios o edificios, y nos daba explicaciones sobre el mismo. Quiero agregar que era mi clase favorita. Pues en esta precisa clase, en el primer paseo que hicimos a La Iglesia de Saint HervéSaint Protais Luis nos contó una historia sobre un árbol. El árbol que estaba exactamente enfrente de la Iglesia, en medio de una plaza pequeña rodeada de edificios típicos parisinos. Este árbol es lo más importante y el tema principal de mi artículo. No se distraigan con lo anterior, era sólo para meterlos un poquito en el contexto.
Resulta que este árbol no es un árbol cualquiera. Es lo que llamamos un árbol de la libertad. Te estarás preguntando qué es un árbol de la libertad, o qué habrá hecho este árbol para tener nombre y una identidad tan importante. La explicación no está en qué hizo el árbol sino en el significado que tiene ese árbol para quienes lo plantaron en ese sitio. Nuestro querido árbol fue plantado en el año 1789 el año de la Revolución francesa. Se plantó para marcar y recordar a los franceses del futuro esta fecha tan importante donde el pueblo consiguió la libertad y derrocó la opresión y la injusticia, la fecha en que nace la República francesa y se acaba la monarquía.
Me pareció una historia muy bonita y me pareció muy interesante que en vez de hacer una escultura, una glorieta, fuente o edificio para conmemorar una fecha importante para un país, hubiera escogido un árbol, una escultura viva, que crece y madura a la par de sus habitantes. Aunque muchos franceses no conocen éste árbol (ACLARO no es el único árbol de la libertad en la ciudad, hay varios en otros puntos importantes. Hablo de éste en particular porque fue el único que tuve el gusto de conocer) y tristemente está en un lugar casi desertado y olvidado en medio de un barrio con mucho movimiento. Tendemos a olvidar nuestra historia. Aunque tal vez no tenga la atención y el mérito que se merece, nuestro querido árbol sigue allí como testigo de todo lo que pasado frente a él desde hace más de 200 años. Queda humilde pero siempre sabio y prudente recordándonos por qué está allí y cuál es nuestra historia.

Creo que un árbol debería ser plantado el día en que cada uno de nosotros nacemos. Que crece igual que nosotros y es testigo de nuestra vida mientras vivamos. Y que guarda una parte de nuestra alma el día que nos ya no estemos aquí.

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